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    Laberintos de agua

    Laberintos de agua

    No es por casualidad que le llaman la «Venecia del norte»: con sus 165 canales, 90 islas y más de 1000 puentes, ya tiene más calles de agua que la ciudad italiana.
    En un viaje por este paisaje pintoresco, los canales y los puentes tienen tanto de bonito como de útil. Para evitar el triste destino de la mítica ciudad sumergida de la Atlántida, los diques forman parte de Ámsterdam desde sus inicios, a pesar de que la mayoría han sido construidos a partir de 1612.

    Los primeros fueron excavados para proteger la ciudad de ataques enemigos, en la Edad Media. La gran construcción empezó solamente en el siglo XVII, con un crecimiento del comercio y de la población que cambiaría la planificación de la ciudad.

    Gracias a la inmigración, el crecimiento de 50 000 a 200 000 personas hizo de esta ciudad carismática la tercera mayor del mundo, tras Londres y París. En esta época, Holanda vivió su período más glorioso, cuando la pequeña capital de mercaderes se transformó en el principal puerto de intercambio comercial de Europa.

    Calles alternativas 

    Los cuatro canales principales orientados a la bahía de Ámsterdam, conocidos como grachtengordel — el cinturón de los canales —, abrieron camino a las construcciones que faltaban a la población.

    Tres de los canales fueron pensados para edificios y mansiones. El cuarto y más exterior, Singel, fue creado como defensa y evitar que llegase el agua en exceso al centro de la ciudad.

    Gracias este sistema, los canales empezaron a ser vistos como auténticas calles alternativas, ya fuese como vía de transporte o como lugar de residencia. Abrieron también espacio a las famosas «casas barco», que se instalaron a orillas de los canales, al lado de edificios altos y estrechos. 

    No son más que barcos adaptados a quien quiera allí vivir, creados inicialmente para que las personas pudiesen huir de las crecidas. Hoy en día, hay unas 2500 de estas casas repartidas por las «calles de agua».

     

    Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht

    El "canal de cinturón" sigue siendo tan importante hoy como lo era hace cuatro siglos, cuando se comenzó a desarrollar.

    En 2010, esta zona que abarca los canales de Herengracht, Prinsengracht y Keizersgracht y el barrio central de Jordaan, fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. 

    Herengracht, el «canal de los señores», es considerado el más importante de la ciudad. En la época de su construcción, fue morada de nobles y mercaderes ricos. El propio zar Pedro El Grande llegó a residir en el n.º 527.

    Un consejo para ver 15 puentes de una sola vez. Es posible: desde la esquina entre el canal de Reguliersgracht y el de Herengracht, mire hacia el lado de la calle con los números impares y prepare la cámara.

    El segundo mayor, Keizersgracht, fue nombrado así en homenaje al emperador Maximiliano de Austria. Antes de su construcción, debe haber sido uno de los pocos barrios sin agua, pero su presencia para los moradores era muy importante, ya que sin ella no podrían llegar a casa en barco. Hoy en día, con 31 m, es el canal interior más ancho.

    En invierno, cuando el agua se congela lo suficiente, las gentes del lugar ponen sus bicicletas aparte para patinar en las pistas de hielo naturales distribuidas por toda la ciudad.

    A lo largo del canal de Prinsengracht, no faltan edificios notables que llaman la atención, como una casa barco museo, la casa de Anne Frank y la Westerkerk (iglesia occidental). La niña judía escondida durante dos años en el n.º 263 escribió el famoso diario al son de las campanas de la iglesia más famosa de la ciudad, en el n.º 281.

    Para no perderse en los canales, sepa que los tres principales están organizados por orden alfabético, de derecha a izquierda.

    Hay vida en los canales 

    Además de los restaurantes, tiendas, teatros, cines y cafés en la tierra, las calles de agua ofrecen alternativas en cualquier momento a cualquiera que viaje a Amsterdam con ganas de ver la ciudad fuera de los márgenes.

    Pruebe a subirse a uno de los muchos «autobuses acuáticos» que le llevarán a los monumentos más importantes, y que ofrecen billetes combinados para entrar en el Rijksmuseum, en el Museo Van Gogh o en la Casa de Anne Frank.

    Si busca un programa diferente, no le será difícil encontrar cruceros que ofrecen escenas originales, fiestas privadas con música en directo o paseos culturales a bordo. 

    Para una experiencia todavía más liberadora, puede alquilar una canoa o un barco a motor y ser su propio capitán del canal.

    Y como Ámsterdam es uno de los destinos más acuáticos de Europa, aproveche las épocas festivas para celebrar con la gente del lugar… ¡dentro del agua! 

    El Día del Rey, en abril, la Gay Parade y el Grachtenfestival Festival de los Canales — en agosto son los preferidos por la gente de aquí, y reúnen a miles de personas todos los años. Diviértase (con cuidado para no caer al canal).

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