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    Óbidos, una de las 7 maravillas de Portugal

    Óbidos, Una de las 7 Maravillas de Portugal

    Es un bello museo al aire libre, un pueblo de casas blancas dentro de un castillo medieval en el que el tiempo parece haberse parado. Pero este es también un lugar lleno de vida, además de arqueología. Pasee por los arenales de una gran laguna, pruebe uno de los mejores licores portugueses y déjese llevar por el misticismo de las antiguas murallas de Óbidos.

    Historia de una Villa Medieval

    Según los restos arqueológicos de Outeiro da Assenta, la ocupación humana en Óbidos data al menos del Paleolítico Inferior. Varios millones de años y saltos evolucionarios después, se estableció aquí un castro celtíbero que se transformaría en un punto de comercio con los fenicios y más tarde en una importante base militar romana. Tras el dominio árabe, tuvo lugar la toma de la ciudad por Alfonso Enríquez, en el siglo XII, y la construcción del famoso castillo de Óbidos, referente imprescindible de la identidad de la villa. Desde que el rey Dinis ofreció la villa como regalo de bodas a su esposa Isabel, Óbidos perteneció a las reinas de Portugal hasta el siglo XIX, hecho que explica la construcción de muchos de los referentes arquitectónicos locales (como el Acueducto). El terremoto de 1755 y las batallas de la Guerra Peninsular a inicios del siglo XIX introdujeron alteraciones en el casco histórico, pero la villa nunca perdió su áurea fascinante de ciudad medieval.

    Un Castillo con Vida

    El centro histórico de la villa está situado por completo dentro del edificio por excelencia de la localidad, el Castillo de Óbidos. Construido entre los siglos XII y XIV, el castillo era de enorme importancia estratégica y militar para el entonces nuevo reino de Portugal. Las largas murallas que rodean la villa tienen sobre un kilómetro y medio de perímetro, y pueden ser plenamente recorridas a pie, lo que permite tener una visión más amplia no solo de la villa, sino de la región alrededor. Destacan asimismo las torres, las antiguas puertas de entrada y la organización regular de sus calles adoquinadas, donde se suceden las tradicionales casas blancas.

    Dentro de las murallas podemos hacer un viaje en el tiempo por diversos períodos históricos. La Puerta de la Villa combina un antiguo portal medieval con decoraciones barrocas. A partir de aquí podemos subir por la rua Direita, apreciando sus casas blancas, y llegar al Paço dos Alcaides, un palacio de estilo manuelino. La villa incluye también la Iglesia de Santa María, del periodo renacentista, y varios monumentos y edificios, así como secciones de la muralla, que fueron modificadas o restauradas después del terremoto de 1755.

    Una copa de Ginja

    Óbidos se inserta en la región agrícola en el oeste del distrito de Lisboa, cerca de 1 hora de la capital. Por estos lares se produce uno de los más sabrosos productos tradicionales portugueses, la famosa Ginja de Óbidos

    Se trata de un licor de aroma intenso, elaborado con guindas locales, que en portugués se conocen como «ginjas». La creación de este tipo de bebida se remonta a tiempos muy antiguos: en la era del Imperio romano, el escritor y filósofo Plinio el Viejo ya elogiaba el sabor de las guindas locales. No obstante, se cree que la actual ginja de Óbidos surgió a partir de una receta conventual del siglo XVII. 

    Un verdadero referente de la villa, elaborada por empresas, fincas y bodegas familiares, y vendida en prácticamente todas las tabernas y establecimientos locales, la Ginja de Óbidos (también conocida como ginjinha) se sirve muchas veces en vasos de chocolate comestibles. No hace falta decir que la mezcla de sabores es verdaderamente deliciosa.

    La Laguna del Mar

    A la vista de la aldea es la Lagoa de Óbidos, un cuerpo costero de agua con casi 7 kilómetros cuadrados y una profundidad media de 2 metros. Aquí es posible disfrutar del frescor del agua, practicar windsurf, pasear en barco y observar la vida salvaje local — varios tipos de garzas y otros pájaros, así como especies acuáticas como la lubina, el mejillón y la anguila. Además de la colina en lo alto de la cual se encuentra el castillo, la laguna es el referente geográfico más reconocible de Óbidos.

    Los aires marítimos no están lejos, ya que la laguna está unida al mar a pocos kilómetros al oeste de la villa. Puede explorar los acantilados blancos de la Playa de Rei Cortiço, o subirse a las dunas de la Playa d’El Rei. La Playa de Bom Sucesso, situada entre la laguna y el mar, le permitirá aprovechar las olas del océano Atlántico para nadar y hacer surf. Un mirador local proporciona unas excelentes vistas de la zona costera y de la laguna. Finalmente, desde la Playa de Covões, más salvaje y menos frecuentada por turistas, es posible caminar por el arenal hasta la vecina población de Baleal.

    Una tierra en la que se cuentan historias

     Todos los años, en la época veraniega, la villa retrocede efectivamente en el tiempo con el Mercado Medieval de Óbidos. Esta es una oportunidad para entender cómo era la vida en Portugal durante la Edad Media, y sumergirse en un ambiente de ferias con productos y ropas medievales, cenas con gastronomía de la época, música, teatro y batallas entre caballeros.

    Óbidos es, de hecho, un lugar en el que se evocan y se preservan historias, y tal vez ello explique la existencia del Folio, Festival Literario Internacional de Óbidos. El programa incluye conferencias y tertulias con autores nacionales e internacionales, talleres, cine y conciertos, y se realiza en diversos lugares de la villa. Este evento se incluye en la iniciativa Óbidos Villa Literaria, que impulsa varias actividades culturales.

    La villa es también escenario de otros eventos. En el Museo Municipal podrá ver exposiciones de artes plásticas y también conocer la obra de Josefa d’Óbidos (1630 – 1684), una pintora de renombre que se estableció en la villa y que aquí produjo parte de su obra. La música también forma parte del programa, con la Semana Internacional de Piano de Óbidos, un evento que reúne a pianistas clásicos de renombre internacional. Finalmente, el Festival Internacional de Chocolate es un perfecto complemento para la ginja local.

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