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    Braga, una ciudad con vitalidad histórica

    Braga, una Ciudad con Vitalidad Histórica

    Braga es una ciudad de contrastes. Si, por un lado, sus más de 2000 años de existencia le otorgan una historia muy rica, por otro es la ciudad portuguesa con más jóvenes por metro cuadrado. Porta una nobleza encantadora y un misticismo lleno de leyendas y supersticiones —sorpresas poco evidentes que nos van saltando a la vista a cada paso, para después alcanzarnos con una energía que se siente en la piel y que nos empuja a querer ir, aprovechar y ver todo con detalle.

    La Roma Portuguesa

    Sus más de 30 iglesias le granjearon el apodo de «Roma portuguesa», convirtiéndola en uno de los principales centros religiosos de Portugal. Con una historia que se remonta a los romanos, pueblo al que se le atribuye su fundación y que dejó inmensos vestigios en la ciudad — Bracara Augusta, como fue llamada —, conserva una enorme cantidad de edificios cicatrizados por el tiempo. Aquí se encuentra la catedral más antigua del país, la Sé de Braga, cuya construcción data del año 1070. Aquí están enterrados Don Henrique y Doña Teresa, padres de Don Afonso Henriques, primer rey de Portugal. 

    Sin embargo, la principal atracción es el Santuario del Buen Jesús del Monte, que «ve la ciudad por un canuto» desde lo alto de la colina, y es uno de los lugares religiosos portugueses con más visitantes, tan solo superado por el Santuario de Fátima. Los más de 500 escalones de su escalinata barroca, ornamentada por múltiples fuentes temáticas, dan acceso al edificio de estilo neoclásico que hace las delicias de quien se atreve a subir. También se puede acceder por medio del funicular que se encuentra al lado de la escalinata.

    Una Explosión de Barroco

    La historia pintó la ciudad con tonos de diferentes movimientos artísticos, arquitectónicos y culturales, pero el Barroco es el rey, razón por la que Braga es calificada como una de las principales capitales de esta corriente artística en Portugal. Responsabilidad atribuida al arquitecto André Soares que, en el sigo XVIII, fue autor de algunos puntos de visita obligatoria en la ciudad: el Ayuntamiento, el Retablo principal del Monasterio de Tibães, la Iglesia de Sta. Madalena da Falperra, el Palacio de Raio y el Santuario de Nuestra Señora de la Torre.

    Un Viaje en el Tiempo Dentro de la Modernidad

    Braga es una ciudad antigua, de religiosidad tradicional, costumbres arraigadas y hábitos consumados. Sin embargo, un fervoroso espíritu emprendedor y joven laten en la que es considerada la ciudad más joven del país y una de las más jóvenes de Europa. Espíritu bien visible en áreas tan vitales como la cultura, el comercio, la gastronomía, la industria y los servicios. La ciudad cuenta con uno de los principales centros universitarios del país lo que hace que, naturalmente, sea escenario de ideas innovadoras y de ganas de cambiar el mundo. Braga siempre se fue reinventando y ha acompañado el cambio de los tiempos y ha ayudado a definirlos. Ejemplo de ello fue la marca dejada en la música de los años 80 en Portugal, con grupos como Mão Morta, nombre que aún reparte cartas en el panorama musical portugués.

    Gastronomia Legendaria

    Si hay una cosa que da identidad al Miño portugués es su cocina. Braga — el Corazón del Miño, como le llaman los locales — no escapa a esa regla. Posee una gastronomía rica, templada con años de experiencia que hace las delicias de los visitantes. Son muchos los ejemplos, como el famoso caldo verde, considerado una de las 7 maravillas gastronómicas de Portugal, el bacalao al estilo de Braga, las tradicionales Papas de Sarrabulho y el secular pudín Abade de Priscos. La capital miñota rezuma sabores y se pueden encontrar estos y otros manjares por todas partes; solo tiene que dejarse guiar por sus sentidos.

    El verde Envolvente

    Quien conoce la región sabe que el verde es el color predominante. Por su localización, meteorología y por su riqueza natural, Braga está envuelta en un verde lujurioso, casi obsceno. Su naturaleza rica, vasta y llena de lugares secretos, invita a descubrirla.

    El Parque Nacional Peneda Gerês se encuentra a tan solo 40 minutos, tiempo que dejamos de contar en cuanto llegamos allí. Gerês es un auténtico paraíso en la tierra; es de aquellos lugares que tenemos que visitar sin falta al menos una vez: sentir su silencio, dejar que se nos meta en los poros y despierte nuestros sentidos. El parque de Gerês es un cuadro parado en el tiempo, donde el aire es puro, las aguas cristalinas y las montañas de granito moldeadas por el tiempo nos hacen ser conscientes de nuestra frágil condición: un auténtico santuario de poetas.

    Y si decir todo esto parece un cliché, acérquese entonces a Castro Laboreiro, un pueblo que aúna las ruinas de un castillo del siglo XVI a puentes, iglesias y molinos medievales; el Santuario de Nuestra Señora de Peneda, del siglo XVIII, el mayor lugar de culto religioso de la región; Soajo, un pueblo aislado con vistas sobre el río Lima y adornado con los famosos hórreos de piedra, una de las postales típicas del parque; el Castillo de Lindoso, una fortaleza del siglo XIII; Vilarinho das Furnas, un pueblo sumergido en 1972 por la construcción de un embalse que se deja ver en verano, cuando baja el nivel de las aguas; el Mirador de Pedra Bela, probablemente con la mejor vista de la sierra, donde puede parar y asimilar todo lo que le rodea; y la Cascada de Arado, un salto de agua de 900 m de altura que es un auténtico espectáculo de la naturaleza.

    Aproveche también la proximidad de varios puntos de visita obligatorios, como Guimarães — la ciudad «cuna de Portugal», donde D. Afonso Henriques, primer rey del país, fijó su residencia después de proclamar la independencia del entonces Condado Portucalense. Allí puede encontrar aún el castillo en el que vivió y su estatua, que da la bienvenida a los visitantes de la ciudad; Barcelos, villa responsable de uno de los mayores iconos del país, el Gallo de Barcelos, uno de los mayores símbolos del folclore, del color y de las tradiciones portuguesas; y Oporto, la más invicta de las ciudades portuguesas, serpenteada por el encantador río Duero.

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