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5 atracciones en Belém do Pará

Capital del estado brasileño de Pará, Belém es una ciudad que sorprende al visitante. Desde el mercado Ver-o-Peso hasta la basílica de Nossa Senhora de Nazaré, o su proximidad con la isla de Marajó, no faltan motivos para conocer Belém. 5 atracciones que no debe perderse
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Fuerte de Presépio

Con la expresión «Feliz Lusitânia», los colonizadores portugueses se refirieron al núcleo inicial de la población de Belém do Pará, una zona que alberga el conjunto arquitectónico alrededor de la plaza D. Frei Caetano, que incluye el Fuerte de Presépio (también conocido como Fuerte del Castillo). Es por ello uno de los referentes de la fundación de la ciudad.

Una vez atravesado el portón del fuerte, existe un patio interior con cañones, que se cree que son originales. Desde lo alto de la muralla, las vistas dirigen nuestra mirada al río Guamá, pasando por la zona en la que transcurre la madrugadora feria del Açaí, y, cómo no, el omnipresente mercado Ver-o-Peso.

Sin embargo, la mayor sorpresa se encuentra bien guardada en el interior de una de sus salas. Se trata del excepcional Museo del Fuerte del Castillo de San Jorge, que exhibe una exposición permanente centrada en la colonización de la Amazonia brasileña, con piezas de cerámica de los indios Tapajós y de la isla de Marajó, anteriores a la llegada de los portugueses. ¡Excelente!
 
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Mercado Ver-o-Peso

Seguramente el lugar más icónico de la ciudad de Belém, el mercado Ver-o-Peso está situado en las proximidades del Fuerte de Presépio, y su visita debe ser una prioridad. Si habla con cualquier habitante local sobre qué hacer en Belém, le recomendará una visita al mercado. Y la sugerencia se justifica plenamente: el mercado es un lugar que concentra el alma de la región amazónica. 

En él podemos encontrar la sección de frutas y verduras; la zona dedicada al pescado y las gambas secas; la zona en la que se encuentra la artesanía indígena, originaria del interior del estado, o de la isla de Marajó; o también la zona de comidas y zumos, como el de açaí, por ejemplo. Aunque es la zona dedicada a los remedios caseros y las «pociones mágicas» naturales la que recibe más visitas.

En el mercado Ver-o-Peso existe un ungüento, una hierba, una cáscara para todo… y las vendedoras no se hacen de rogar para explicar, con aire divertido y sonrisa pícara, las ventajas de cada uno. No se asombre, pues, si le sugieren que pruebe un ungüento para alejar el mal de ojo, o incluso el «aceite de la bota», muy elogiado por las vendedoras para potenciar el acto sexual.

Por más turístico que pueda parecer, el mercado Ver-o-Peso es de visita «obligatoria».
 
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Theatro da Paz

Las visitas al Theatro da Paz son guiadas y empiezan en el hall de entrada, construido con materiales decorativos importados de Europa: «hierro fundido inglés en los arcos de las puertas; escaleras de mármol italiano; lámpara de araña francesa; bustos de mármol de Carrara […]; estatuas de bronce francés; suelo con piedras portuguesas formando un mosaico y pegadas con cola Gurijuba (pez de la región); paredes y techo pintados representando las artes griegas», se puede leer en el sitio web oficial del teatro.

Ostentación aparte, lo que verdaderamente impresiona es la sala de espectáculos propiamente dicha: actualmente cuenta con una capacidad para 900 espectadores y posee elementos decorativos deliciosos.

Siéntese, aprecie los elementos de la mitología grecorromana retratados en el techo central, haga fotografías, y, si tiene la suerte de coincidir con un ensayo de la orquesta, cierre los ojos, sienta la música e imagine el glamour de otros tiempos en los palcos del teatro. Finalmente, pase por el salón noble y despídase, listo para poner rumbo a la Estación de Docas.
 
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Estación de Docas

La Estación de Docas es un espacio curioso. En tiempos fue el puerto fluvial de Belém y sirvió a la perfección a la pujante industria del caucho. Actualmente ha sido transformada en una zona de recreo, a semejanza de lo que ha sucedido en otras ciudades, principalmente europeas, que han reconvertido antiguas zonas portuarias en zonas nobles de las ciudades.

La Estación de Docas está situada a orillas de la bahía del Guajará y reúne en el mismo complejo «tres almacenes» con intereses distintos: uno con tiendas de ropa y artesanía regional; otro dedicado a la gastronomía (seguramente el más visitado, especialmente los fines de semana); y un tercero para ferias y exposiciones.

Al final de la tarde, después de un día repleto de visitas a las atracciones de Belém, nada mejor que parar para descansar, sentarse y beber una cerveza fría, con el río como telón de fondo y el sol en el horizonte. O entonces comer un helado en la heladería Cairu, especialmente los de sabores amazónicos (¿qué tal uno de nuez de Brasil con copoazú?) ¡Vale realmente la pena!
 
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Isla de Marajó

No está en la ciudad de Belém, cierto, pero visitar la isla de Marajó es una experiencia fundamental para complementar su estancia en Belém. Y es que la isla de Marajó es un refugio de paz y tranquilidad, indispensable después de algunos días sumergido en el bullicio de la capital del estado brasileño de Pará.

Allí podrá conocer más de cerca la preciosa cerámica marajoara, pasear por haciendas como la de São Jerónimo, disfrutar de algunas playas magníficas y, cómo no, probar el famoso filete marajoara (carne de búfalo con una loncha de queso de leche de búfala). Es una isla sin grandes lujos, para aquellos que aprecian el placer de las cosas simples. Perfecto para terminar el viaje.
 
Por Filipe Morato Gomes / Alma de Viajante

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